lunes, 19 de marzo de 2012

¡Qué Bello es Vivir!

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Ficha

¡Qué Bello es Vivir!
Frank Kapra (1946)

Título: ¡Qué bello es vivir!
Título original: It's a wonderful life.
Dirección: Frank Capra.
País: Estados Unidos.
Año: 1946.
Duración: 130 min.
Género: Drama, Romance.
Reparto: James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell, Henry Travers, Beulah Bondi, Frank Faylen, Ward Bond, Gloria Grahame, H.B. Warner, Frank Albertson, Todd Karns, Samuel S. Hinds, Mary Treen, Virginia Patton, Charles Williams, Sarah Edwards, William Edmunds, Lillian Randolph, Argentina Brunetti, Robert J. Anderson, Ronnie Ralph, Jean Gale, Jeanine Ann Roose, Danny Mummert, Georgie Nokes, Sheldon Leonard, Frank Hagney, Ray Walker, Charles Lane, Edward Keane, Carol Coombs, Karolyn Grimes, Larry Simms, Jimmy Hawkins.
Productora: Liberty Films (II).
Presupuesto: 3.180.000,00 $.
Argumento: The Greatest Gift: Philip Van Doren Stern.
Departamento musical: Dimitri Tiomkin.
Dirección: Frank Capra.
Dirección artística: Jack Okey.
Efectos especiales: Russell A. Cully.
Escenas adicionales: Jo Swerling.
Fotografía: Joseph F. Biroc, Joseph Walker, Victor Milner.
Guión: Albert Hackett, Frances Goodrich, Frank Capra.
Maquillaje: Gordon Bau.
Montaje: William Hornbeck.
Música: Dave Torbett, Dimitri Tiomkin, Leigh Harline, Leith Stevens, Roy Webb.
Sonido: Clem Portman, Richard Van Hessen.
Vestuario: Edward Stevenson.

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Sinopsis

George Bayley, un hombre honrado que siempre se ha sacrificado por los demás, mantiene a duras penas una empresa de empréstitos, con la que evita los desmanes del millonario Potter. Con su empresa al borde de la quiebra, Bayley se dispone a suicidarse cuando Clarence, un ángel venido a menos y que debe hacer méritos para recuperar sus alas, es enviado a la Tierra con la misión de evitar dicho suicidio. Con la llegada de Clarence la vida de Bayley y de quienes le rodean tomará un rumbo distinto.

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«¡Qué Bello es Vivir!
Para Rafael Moriel»

¡Qué Bello es Vivir! me traslada hasta finales de 2004, cuando una amiga decidió poner fin a su vida. Tras un primer intento fallido, le escribí una carta que no pude entregarle. Me hubiese gustado entregarle aquella carta junto a esta película, que quizá hubiera evitado su muerte.

He vuelto a ver la película «Qué bello es vivir», dirigida por Capra y protagonizada por James Stewart, Donna Reed y Lionel Barrymore:

Clarence Oddbody, AS2, ángel de segunda categoría, es encomendado desde el cielo como ángel de la guarda de George Bayley, que por una serie de circunstancias derivadas de problemas económicos, se dispone a consumar el suicidio, arrojándose a las turbulentas aguas del puerto. Es el día de navidad.

George, convencido de que si se quita la vida, su mujer e hijos y todos sus amigos vivirán mejor, atraviesa una difícil situación con su empresa, tras extraviar su tío y socio Billy, ocho mil dólares que se disponía a ingresar en el banco, precisamente cuando un inspector de hacienda procede a examinar las cuentas.

George Bayley, quien antaño fuera un joven ambicioso que soñaba con dejar su pueblo natal, Bedford Falls, para estudiar en la universidad y viajar por todo el mundo, construyendo rascacielos de cien pisos y puentes kilométricos, ve frustrado su futuro tras el fallecimiento repentino de su padre, director de una compañía constructora y de préstamos. George, tras ser nombrado sucesor por la junta de accionistas, en un intento de evitar que la firma pase a manos del despiadado millonario Potter, cuyos negocios acaparan el poder en Bedford Falls, decide postergar su carrera universitaria provisionalmente, cediendo el dinero de sus estudios a su hermano pequeño Harry, que finalmente logra un brillante empleo como investigador. Así, George ve truncados sus sueños, ante la imposibilidad de que su hermano lidere el negocio, viéndose en la obligación de hacerse cargo de la empresa, que dirigirá de por vida.

Clarence Oddbody junto a George Bayley

George se convierte en un honrado empresario que hace posible el acceso a una vivienda digna a las gentes de Bedford Falls, que gozan de notables privilegios en la amortización de sus pagos. Orientado a la solidaridad más que a amasar dinero, George debe conformarse con habitar una casa reconstruida, en la que abundan las corrientes de aire y el frío en invierno, cuya esposa, Mary, arregla con escasos medios y buen hacer. Cuatro hijos y una vida plena y feliz, de no ser porque el iracundo Potter pretende hacerse con el poder, llegando incluso a proponer un contrato al hábil George para que dirija sus negocios, habida cuenta de que a lo largo de los años y a pesar de su ahínco, no logra derrocar lo que George y su empresa significan. George Bayley le premia con una negativa, mostrándole el rechazo que siente por el hacer de Potter, una máquina de amasar dinero.

Así, cuando George Bayley se asoma con intención de arrojarse, Clarence Oddbody, ángel de segunda categoría dispuesto a ganarse las alas, es quien se arroja a las aguas, con intenciones de salvar a su protegido. George rescata a su ángel de la guarda, quien tras intentar persuadirle de que su vida ha sido plena y ante la negativa de Bayley a comprenderlo, le concede el deseo de no haber nacido.

Otorgado su anhelo, George descubre, muy a su pesar, que el nombre de su pueblo no es Bedford Falls sino Pottersville, en honor al viejo amargado. Sus calles están repletas de casinos, clubes de chicas, etc. Harry, su hermano menor, falleció a los nueve años de edad ahogado bajo el hielo porque su hermano George no había nacido y no pudo rescatarlo el día del fatal accidente en el lago helado. Sus hijos Tommy, Pete, Janie y Zuzu no han nacido y su mujer Mary es una solterona bibliotecaria de aspecto agrio. El tío y socio de George, Billy, fue ingresado en un manicomio cuando la empresa constructora quebró, y el viejo farmacéutico para quien George trabajara de niño, es un hombre alcoholizado al que expulsan de los bares, que pasó veinte años en la cárcel tras confundir los medicamentos y envenenar a un paciente, ya que George Bayley no estuvo allí para darse cuenta. No hay viviendas en «Bayley Park» porque no fueron construidas y su amigo el taxista Ernie Bishop vive en un barracón de mala muerte, tras ser abandonado por su mujer.

¡Qué Bello es Vivir!
El Pueblo Ayuda a George Bayley

Ante semejante descalabro y tras comprobar lo bien que marchaban las cosas, George suplica volver de nuevo a la vida, cumpliéndose su deseo. Enormemente feliz tras comprobar que todo vuelve a ser como antes y dejando a un lado los problemas, George corre a casa para abrazar a su familia: entonces, Mary y su tío Billy hacen público que George Bayley tiene problemas económicos y todo el pueblo se vuelca en prestarle dinero para saldar su cuenta.

«Qué bello es vivir» es una entrañable película, aunque esté fechada en el año 1946 y parezca obsoleta. Quizá alguien osara realizar una nueva versión aunque, en cualquier caso, el mensaje del ángel de la guarda, que viene a decir que la vida de cualquier persona afecta a muchas otras vidas, no necesita de otras alternativas. El filme termina con una dedicatoria de Clarence, que dice: «Querido George: recuerda que nadie es un fracasado si tiene amigos».

Atentamente:
Rafael Moriel

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sábado, 3 de marzo de 2012

«La Playa de los Galgos»

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Ficha

«La Playa de los Galgos»
Mario Camus (2002)
Dirección y guión: Mario Camus.
País: España.
Año: 2002.
Duración: 135 min.
Interpretación: Carmelo Gómez (Martín Alcorta), Claudia Gerini (Berta), Miguel Ángel Solá (Dubbini), Gustavo Salmerón (Pablo), Ingrid Rubio (Oria).
Producción: Pilar Ruiz.
Música: Sebastián Marín.
Fotografía: Jaume Peracaula.
Montaje: José María Biurrún.
Dirección artística: Rafael Palmero.

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Sinopsis

Martín Alcorta busca a su hermano perdido desde hace una década. En su camino se cruza con Berta, una enigmática mujer que, al hilo de ciertos avatares desconcertantes, decide seguirle y tras imponer su presencia, construye una vida junto a él. Martín desconfía en un principio de ella, sin sospechar sus auténticas intenciones. Tras un tiempo juntos, Martín aplaca sus dudas y la lleva consigo en la búsqueda de su hermano.

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«La Playa de los Galgos
Para Rafael Moriel»

Corría el 2002 cuando vi la película en el cine. Las circunstancias que rodeaban mi vida en aquella época hacen que el recuerdo haya permanecido en el tiempo, manteniendo vivos muchos de los registros.

Martín rescata y mantiene a un grupo de galgos de un canódromo que cierra sus puertas, alojándolos en «La Playa de los Galgos», que da título a la película de Mario Camus, un drama comprometido de corte romántico, representativo del más puro sentido literario del cine español.

Martín es un tipo con muy baja autoestima, de esos que no lo reconocen. Su aspecto es el de una persona íntegra que pone su empeño en no enfrentarse con nadie, aun a costa de resultar anulado.

Carmelo Gómez (Martín Alcorta)

La atracción que Martín siente por Berta, una mujer inestable y fatal, le empuja a repetir el patrón seguido con los galgos, que perecen uno tras otro con el paso del tiempo. El sentido que Martín otorga a su vida es el de sentirse cómodo y digno actuando como un ángel de la guarda, acaso como un «guardián entre el centeno». Su existencia adquiere sentido protegiendo a otros: su madre, los galgos, Berta... Atrapado por sus encantos sexuales, Martín acaba asumiendo el papel de protector de una mujer que lo seduce con el único propósito de vengar el asesinato de su novio, consumado años atrás por el hermano de Martín, un terrorista repudiado y atormentado por su pasado criminal.

Berta es una atractiva mujer con una imagen paterna dañada y confusa, realidad que la condena a padecer un eterno conflicto con el sexo masculino. Su concepto del hombre resulta inquietante.

Miguel Ángel Solá (Dubbini)
«La Playa de los Galgos» se divide en tres partes bien diferenciadas, en las que no faltan momentos sublimes. Uno de ellos es precisamente cuando Berta intenta suicidarse, auto lesionándose para redimir el vacío y la culpa que siente por abusar de la bondad de Martín, a quien es incapaz de amar y confunde con un padre protector, contra quien revelarse al mismo tiempo. Tras su intento de suicidio efectúa una especie de reset, estableciendo un antes y un después. Y Ahí continúa Martín, a su lado, la típica «bellísima persona» acostumbrada a acompañarse de quienes más allá de otorgarle paz, pueden hacer de su vida un infierno.

Finalmente, el personaje de Martín en «La Playa de los Galgos», al igual que ocurre con el protagonista de «Lolita» —interpretado por Jeremy Irons—, me hace sentir lástima. Ambos son seducidos y manipulados por mujeres fatales que los empujan a un profundo abismo. Cegados por su propio desarraigo, se entregan a un fatal destino a cambio de favores sexuales que les hacen sentirse especiales de alguna manera, perdiendo el rumbo hasta ser dependientes de quienes sólo buscan satisfacer sus oscuros propósitos.

Me quedo con el sentimiento poético que rodea el regreso de Martín a «La Playa de los Galgos», donde ya sólo queda un ejemplar en pie. Si uno resiste a duras penas en su día a día, no es posible cargar con la existencia ajena, maltrecha y rota.

A mi modo de ver, la atracción existente entre Berta y Martín eclipsa la trama terrorista que rodea el guión de la película, restando importancia a ganchos fáciles que finalmente quedan eclipsados por el trío formado por Martín, Berta y el psiquiatra Dubbini, que entiendo actuó como verdadera inspiración de Mario Camus a la hora de escribir y dirigir la película, rodada en parte en Castro Urdiales.

Atentamente:
Rafael Moriel
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